La construcción de un guión es todo el proceso que conduce
a una descripción detallada de todas y cada una de las escenas del
audiovisual. De modo sintético, un guión es una historia
contada en imágenes e implica, por tanto, la narración
ordenada de la historia que se desarrollará en el producto audiovisual.
Se plantea de forma escrita y contiene las imágenes en potencia y
la expresión de la totalidad de la idea, así como las situaciones
pormenorizadas, los personajes y los detalles ambientales. El lenguaje que
se ha de emplear ha de ser visual y sonoro, no literario.
Los guiones pueden ser originales o adaptados. El guión
original se desarrolla sobre una idea salida exclusivamente de la
imaginación del autor y el adaptado se construye a partir
de una obra original, que se reproduce con total fidelidad.
Dentro
de la categoría de adaptados existen guiones basados
en una obra literaria, que mantienen la historia pero reducen el número
de situaciones y/o personajes; guiones inspirados en una determinada
obra, que toman como punto de partida una situación o personaje y
desarrollan una nueva estructura; y, por último, adaptaciones
libres que siguen el hilo de la historia, el tiempo, los personajes
y las situaciones creando una nueva estructura, enfatizando determinado
elemento dramático del original.
En un guión audiovisual tienen que estar presentes los siguientes
elementos (Bou, 1997):
1. Discurso: la información a transmitir, algo que contar.
El discurso incluye la forma en que aparecen y se suceden todas las imágenes,
textos, sonidos y demás elementos en los que se apoya el mensaje.
Si entendemos un multimedia como una serie de estímulos dirigidos
a una audiencia, la forma en que el guionista organiza dichos estímulos
es el discurso.
2. Dramatización: introducir conflictos y sentimientos. Sin
dramatización se pierde el interés en el espectador. El audiovisual
puede tener buenas imágenes, un sonido espectacular, estar bien estructurado,
pero carecer de "gancho". Hay que tocar las fibras sensibles del
destinatario. No se trata, por tanto, simplemente de transmitir información
o mostrar imágenes, debemos construir una narración. Un buen
guionista debe ser un buen narrador. (Una novela es excelente no sólo
porque cuenta una historia interesante, sino porque lo narra de forma que
nos cautiva).
3. Coherencia argumental: se construye a partir de un esquema de
sucesos lógico, que detalla cómo se desarrolla la acción
de cada personaje y sus reacciones. En caso contrario, la narración
resulta poco creíble o inverosímil y provoca la hilaridad
o la confusión en el receptor. El verismo y la credibilidad no deben
confundirse con realismo. De lo que se trata es que el receptor acepte el
punto de partida, entrando, así, en el juego.
4. Mensaje: todo multimedia debe transmitir unos valores éticos
o una interpretación de la vida. Esto puede hacerse explícitamente
(de modo muy evidente con mensajes concluyentes claros), o de modo más
sutil (provocando la reflexión crítica del usuario).
Un guión multimedia requiere de una exhaustiva investigación
sobre el material que ha de utilizar. Es preciso documentarse racional,
estética y científicamente para seleccionar, posteriormente,
lo esencial. Un riguroso método de trabajo hace que el guionista
no sea sólo un escritor sino un estudioso que descansa en el
valor científico de los datos reales.
El guionista debe ser un atento observador de la vida diaria. Normalmente,
los detalles más insignificantes pueden tener un inestimable
valor. El guionista, entre los hechos cotidianos, tiene que saber extraer
el hecho significativo, lo que es original.