En el inicio de un audiovisual es necesaria la ambientación,
es decir, una serie de recursos que aumenten el interés, muestre
de qué va la historia y se "enganche" al receptor.
Todo
audiovisual sin ambientación produce el mismo efecto que una
película empezada: ha perdido la oportunidad de ganarse al espectador.
En el guión disponemos de dos o tres minutos para dejar claro
al espectador de qué va nuestro audiovisual. Si el tiempo se
agota, la audiencia perderá el interés y la atención.
Retener a una persona ante una pantalla es muy difícil y todo
juega en contra del guionista.
Existen diversos modos de abordar la ambientación:
- Uso
de personajes. Introducir un presentador o personaje protagonista
de la historia. Se puede establecer una situación "interna"
(si el personaje vive en el audiovisual) o "externa" (si
el presentador se sitúa en una posición externa, como
un receptor más). En la ambientación se ha de mostrar
claramente las cualidades del personaje.
- Acción
iniciada. Se comienza asistiendo directamente a un punto del proceso
de los acontecimientos. En el cine, hay muchas películas que
empiezan directamente por un robo, una persecución o un hecho
sorprendente.
-
Por paisaje.
Iniciar un recorrido por los ambientes donde se desarrolla la acción.
Se busca transmitir una sensación acorde con lo que ocurrirá
posteriormente.
- Complicidad
ideológica. Exponer un problema o una queja al principio
del audiovisual con la que el receptor estará de acuerdo o
se sentirá muy identificado. Es un recurso fácil y efectivo.
Se trata de que el usuario sienta que el guionista piensa como él:
que enfocará el tema tal como él piensa que debe enfocarse.