Según Bou (1997), la falta más grave de un multimedia
es el aburrimiento. Puede ser técnicamente imperfecto, puede
hacer daño a la vista o puede escandalizar, pero nunca debe aburrir.
La postura más recomendable para diseñar un multimedia
es pensar que lo que se cuenta en él no interesa en absoluto
a las personas a las que está destinado. De este modo el guionista
no tiene más remedio que esforzarse para impactar continuamente
al auditorio.
Es muy importante enfocar cada escena (viñeta, diapositiva-audio,
secuencia videográfica, pantalla de ordenador) como un problema.
Una de las sentencias más importantes de los guionistas cinematográficos
es la siguiente: "se recuerdan escenas, no películas".
Bou (1997) enuncia los siguientes principios básicos en la elaboración
del guión multimedia:
Principio de necesidad
La elaboración del multimedia debe resolver un problema cuya
solución percibimos inmediatamente que requiere de un diseño
audiovisual. Es decir, el producto debe servir para algo (se debe justificar
la existencia del audiovisual) y ser multimedia (se debe justificar
que esta forma de comunicación es la más adecuada). Todo
material que no surja de estas dos condiciones es gratuita, carece de
significatividad, corre el riesgo de ser ignorada.
Principio de atención
El objetivo del producto es mantener la atención de modo sostenido,
es decir, conseguir que el usuario mantenga una actitud continua de
expectación ante el audiovisual.
La atención cognitiva se basa en el valor de la información
suministrada. Para conseguir la atención del espectador es necesario
que:
- la
información sea relevante
- la
información esté bien organizada
La atención afectiva se fundamenta en el vínculo
emocional que se establece entre el usuario y el material audiovisual.
Un
recurso que contribuye especialmente a mantener este tipo de atención
es el argumento. Sembrar en el usuario la
inquietud por conocer el final. Enfocar el audiovisual como una narración
y hacer ver que lo que se cuenta es real, que puede afectar directamente
al usuario y que con el audiovisual va a encontrar formas de actuar
o de pensar en relación al tema.
Pero para mantener la atención también es muy importante
el tratamiento del ritmo. Si una información tiene un alto interés
la narración de la misma podrá realizarse a un ritmo más
pausado. Es el caso de los documentales clásicos, que son tremendamente
descriptivos, y mantienen la atención en virtud del interés
del contenido que tratan. En el caso contrario están los dibujos
animados que transcurren a un ritmo trepidante. Estos últimos
son un buen modelo para nuestros audiovisuales.
Principio de economía
El receptor del mensaje siempre es más inteligente y más
rápido de lo que el guionista supone. El principio de economía
tiene cuatro vertientes:
a) Economía de tiempo. Evitar secuencias demasiado largas.
En el lenguaje audiovisual, unos pocos segundos son mucho tiempo. Este
principio es muy difícil puesto que obliga no sólo a narrar
de forma breve y concisa lo que se quiere expresar, sino también
a decirlo en fragmentos brevísimos y densísimos. Por ello
hay que suprimir toda secuencia (viñeta, diapositiva, etc.) que:
- no
diga nada absolutamente necesario;
- que
se diga algo absolutamente necesario, pero no lo parezca;
-
que reitere o alarge un mensaje que pueda expresarse más
sucintamente.
b)
Economía de espacio. El espacio donde se ubica la imagen
debe ser rentabilizado al máximo. Esto no se hace con la intención
de ahorrar escenas, sino debido a la necesidad de que los elementos
tengan fuerza dramática. En la imagen deben figurar únicamente
aquellos elementos indispensables y con el mayor tamaño posible.
Cuando
en una escena queremos abarcar demasiado (introducir demasiados elementos
en ella) se produce una percepción confusa del conjunto. Esto
se debe al mecanismo de la integración, es decir, a la capacidad
para percibir mentalmente la totalidad de un objeto cuando, de hecho,
sólo hemos visto una parte de él. Cuando se enseña
sólo una parte del objeto, se logra una postura activa por parte
del individuo receptor. No puede evitar que su mente trabaje en la recomposición
del objeto y provoca que la imagen llame la atención. Si ofreciese
todo el objeto a la vista, el efecto es redundante: se ha suministrado
al receptor información que él podría deducir.
Por
tanto, cada objeto que se incluye en escena sólo ha de ser visible
en la proporción suficiente para que sea identificable. Por otra
parte, trataremos de introducir un solo objeto (o muy pocos) en la imagen.
c) Economía conceptual. Los textos que acompañan
a las imágenes no deben sobreinformar al receptor. Hay que dejar
que el destinatario del audiovisual piense. La aplicación correcta
de este principio consiste en transmitir cada uno de los mensajes encontrando
la manera más simple posible de hacerlo. Hay que conseguir situarse
en el lugar del usuario y adivinar qué cosas ya ha entendido
sin necesidad de que se las demos mascadas.
d) Economía de lenguaje. Tendemos a ser demasiado exhaustivos
y nos empeñamos en incluir en el guión hasta la última
coma de la frase que hemos pensado. El receptor es capaz de deducir
el significado completo del discurso que acompaña la imagen,
y si no para eso diseñamos actividades educativas que faciliten
la asimilación de los mensajes.
e) Economía de espera. Respetar un ritmo rápido.
Hay que evitar pausas, interrupciones bruscas del ritmo de narración.
Un ejemplo de aplicación de este principio es cuando la imagen
o el sonido van por delante el uno del otro. Es decir, se ve algo de
lo que todavía no se está hablando o se está hablando
de algo que todavía no se ve.
Principio de múltiple entrada (o multicanal)
El diseño de un producto multimedia no se limita a la simple
transmisión de información. Todo mensaje incluido en un
audiovisual es asimilado por el usuario en función de tres factores:
- Estructura
de la información (complejidad adecuada a la capacidad del
usuario)
- Impacto
afectivo (los sentimientos con que el usuario recibe el mensaje)
- Experiencia
previa (reacción ante información similar y cómo
se integra significativamente).
Por
ello, debemos cuidar que el producto cree lazos afectivos con el usuario
y que su contenido esté en consonancia con lo que se supone que
conoce el destinatario final.
El
principio multicanal establece que, para lograr una buena comunicación,
hay que utilizar todos los canales. En otras palabras, favorecer los
diferentes estilos perceptivos (hay quien prefiere como fuente
de información las imágenes, otros el sonido, etc.) Es
esencial una integración de todos los elementos que componen
un multimedia. Por lo tanto, dos recomendaciones:
- Utilizar
diferentes canales para transmitir el mensaje.
- Integración
(o sincronización) de todos los canales para conseguir
transmitir un mensaje homogéneo.