Una imagen
se define por tres hechos que conforman su naturaleza:
a) una selección de la realidad sensorial;
b) un conjunto de elementos y estructuras de representación
específicamente icónicas; y
c) una sintaxis visual.
La dificultad
de la definición de lo que es una imagen proviene, fundamentalmente,
de la gran diversidad de imágenes que pueden existir de una misma realidad
sensorial. A este respecto podemos clasificar las imágenes según diversos
criterios. Uno de ellos es el soporte de la imagen, es decir,
la base material donde se ubica la representación icónica de la realidad.
Si deseamos disponer de una imagen, por ejemplo, de un gato podemos
necesitar un soporte de papel, si la imagen es un dibujo a lápiz; de
tela o lienzo, si es un cuadro pintado al óleo; de naturaleza fotoquímica
o electromagnética, en el caso de la imagen latente de una película
fotográfica y de una cinta de vídeo, respectivamente; o de naturaleza
orgánica, cuando la imagen del gato se registra en la retina o se procesa
en nuestro cerebro.
También
podríamos clasificar las imágenes según el grado de fidelidad que guarden
con relación a su referente (no es igualmente fiel, con relación
a un gato, una fotografía en blanco y negro que una secuencia en vídeo
de ese animal) o en función de la legibilidad, es decir, la mayor
o menor dificultad para "leer" la información visual que contiene la
imagen. En el caso de que necesitásemos una imagen para buscar un gato
que se ha perdido, habríamos de seleccionar de todas las imágenes disponibles
aquélla que contuviera los elementos visuales que caracterizasen
mejor al felino que se ha extraviado.