El interés
del acto comunicativo se sitúa en la valoración de conductas,
actitudes o destrezas de los sujetos captados por la cámara.
En el vídeo me veo como yo soy visto, descubro cómo me
ven los demás. Me veo para comprenderme. El hecho de verme y
oírme me lleva a una toma de conciencia de mí mismo, de
mi imagen, del sonido de mi voz, de la realidad y cantidad de mis gestos,
de mis actitudes, de mis posturas, de mi manera de actuar y de ser.
El vídeo
permite autoanalizarse de una manera suficientemente amplia. Permite
el análisis de muchos códigos expresivos al mismo tiempo:
el lenguaje, el paralenguaje, la proxemia, la kinésis, ... No
debe olvidarse, no obstante, que la sola presencia de la cámara
suele alterar la situación de observación.
Ferrés,
J. (1997). Vídeo y educación, Barcelona: Paidós.