El interés
del acto comunicativo se centra básicamente en el juego, el entretenimiento,
la gratificación o el deleite. El carácter lúdico
de la tecnología vídeo puede optimizar el proceso de aprendizaje,
sobre todo, cuando permite al usuario la participación activa.
Aunque
una actividad videográfica realizada por los alumnos no se proponga
otra cosa que la función lúdica, tendrá un notable
valor educativo, porque llevará a los alumnos a realizar por
lo menos un doble aprendizaje: el descubrimiento del grupo y el descubrimiento
de nuevas dimensiones de la realidad.
Ferrés,
J. (1997). Vídeo y educación, Barcelona: Paidós.