En el suelo viven numerosas e importantes poblaciones de artrópodos, tanto más abundantes cuanto menos modificados por el hombre están los hábitats, tal como ocurre en selvas, bosques y prados permanentes. De igual modo afectan a su desarrollo las condiciones climáticas, la vegetación y el tipo de suelo; factores que se combinan entre sí para ofrecer un óptimo de alimento, humedad y temperatura.
Aunque el suelo contenga múltiples y abundantes poblaciones de estos organismos, son pocos los grupos capaces de influir con eficacia en el hábitat donde viven. Pasaremos revista a los mas importantes, bien por su abundancia, por su amplia difusión o por estar dotados de una mayor influencia sobre el suelo, la vegetación u otros organismos terrícolas.
Para tener una visión, aunque sea parcial, de los equilibrios que
existen entre los artrópodos y otras poblaciones, es útil detallar
los resultados de un estudio hecho en Dinamarca por Bornebusch sobre los
suelos con humus de tipo mull bajo hayedos y robledales y de tipo mor, en
bosques templados. De él se desprende que, en general, donde las lombrices
abundan, el lecho de hojas se incorpora al suelo y se descompone rápidamente,
dando un mull característico de los bosques de hoja caduca en un suelo
moderadamente drenado rico en calcio. En ellos, la fauna de artrópodos
está dominada por un gran número de especies, aunque estas
no fueran necesariamente numerosas. Sin embargo, donde los gusanos eran menos
abundantes, se producía acumulación de hojarasca en el suelo,
con formación de un humus de tipo mor, característico de los
suelos de bosque de coníferas, bien drenados y pobres en calcio; en
este ambiente eran los artrópodos los que dominaban, preferentemente ácaros
y colémbolos, aunque la biomasa total, dadas sus pequeñas dimensiones,
era menor que en los suelos con humus de tipo mull. Cuanto
hemos dicho se refiere a la presencia de artrópodos en suelos
no modificados, ya que es indudable que el cultivo produce una enorme disminución
de su presencia en el suelo.
Una idea general sobre la distribución cuantitativa de las diferentes
poblaciones de estos organismos la proporcionan los trabajos de Salt, Hollick,
Raw y Brian , según los cuales los artrópodos observados y
clasificados en un prado permanente podían representarse gráficamente
como una pirámide en cuya base se encontraran las formas mas pequeñas,
como por ejemplo los ácaros, cuya densidad superficial puede alcanzar
basta 165.000 por metro cuadrado y en el vértice las formas de mayor
tamaño, como las larvas de lepidópteros, los diplópodos,
cuya densidad es de unos 100 individuos por metro cuadrado. También
se observó que aproximadamente el 70 %, de la población total
se encuentra en los primeros 15 cm de suelo, aunque algunos grupos como los
sínfilos, son más abundantes a mayor profundidad. En general,
las formas mas pequeñas viven a mayor profundidad que las grandes.
Los ácaros y los colémbolos son las formas de artrópodos
mas numerosas y mas ampliamente difundidas en el suelo; a estos les siguen
otras formas im portantes, como los miriápodos, especialmente quilópodos,
sínfilos y diplópodos. Entre los insectos, los isópteros,
coleópteros y dípteros. También las hormigas, dentro
de los himenópteros, pueden tener importancia en el suelo; Krausse
establecía que algunas hormigas pueden transportar 528 kg de materia
orgánica desde el subsuelo a la superficie en un suelo arenoso.
Dentro de los artrópodos cabe distinguir algunos grupos con hábitats y acciones muy diferentes entre sí. La mayoría son trituradores de los residuos, papel decisivo en la transformación y mineralización de la materia orgánica, pues el incremento superficial es indispensable para una acción intensa de los microorganismos, como ya vimos en su momento. Si no fuese por estos grupos de animales, la tierra moriría sepultada en sus propios desechos.
Vamos a analizar la acción de aquellos grupos cuya importancia es mayor, lo que no significa que no existan otros dentro del complejo ecosistema del suelo.
Actualizada 9/3/06