El elemento hebraico

y la Biblioteca de Barcarrota

FERNANDO T. PEREZ GONZALEZ


ON la reproducción facsimilar de esa magnífica edición hasta ahora desconocida del Lazarillo de Tormes (Medina del Campo, 1554), se inicia una colección de la Editora Regional de Extremadura que, con el nombre de "La Biblioteca de Barcarrota", habrá de poner al alcance de estudiosos y bibliófilos tan importante y controvertido hallazgo. Un conjunto que se presta a variadas y atractivas hipótesis que mantiene hasta ahora a la comunidad científica en estado de espectante cautela. Se han barajado, siempre en privado o en medios de opinión no académicos, diversas conjeturas sobre su procedencia: algún "alumbrado" excepcionalmente culto de los que proliferaron en la zona, la biblioteca del joven Montano, o bien la de Vignali (autor de un texto erótico -La Cazzaria- que figura manuscrito dentro del conjunto bibliográfico), o quizá de algún judeoconverso posiblemente vinculado con el vecino reino de Portugal. Personalmente he manifestado preferencias por esta última posibilidad en un artículo firmado conjuntamente con Fernando Serrano Mangas, que ahora paso a resumir.

Todas las desviaciones doctrinales que integran esta "biblioteca" nos hacen pensar en una minoría desafecta -cuando no hostil- a todos los valores y creencias dominantes, dotada al mismo tiempo de un grado notable de cultura y de holgura económica, capaz de tejer una red de contactos familiares o comerciales con otros países. Todas estas características las cumplían los judeoconversos que se movían a ambos lados de la vecina frontera con Portugal. La idea se justifica si tomamos en consideración las siguientes circunstancias:

1. La presencia dentro del conjunto de un folleto, el libro del Alborayque, dirigido contra los conversos, y que según el Padre Pita fue compuesto por un judaizante.

2. El misterioso círculo recortado en papel que fue hallado en uno de los libros y en él, además de una estrella de David, figura la palabra "tetragrámaton" (forma críptica de designar el nombre de Dios en hebreo) así como el nombre de Fernao Brandao, que no es otro que el de un poeta y humanista portugués de estirpe judaica.

3. La Lingua de Erasmo aparecida en el conjunto Barcarrota, fue un libro de gran difusión entre los perseguidos judeoconversos, que debieron sentirse identificados con la denuncia que en ella se hace de la maledicencia o "males de la lengua desenfrenda". El sincretismo erasmista y su espiritualidad esencial, su modo de entender la religión -nada formulario y ritual- debió de constituir el bálsamo que necesitaban aquellas criaturas afligidas, víctimas en muchas ocasiones de una íntima y sincera escisión de conciencia. También los falsos conversos (los criptojudíos) pudieron encontrar apoyo espiritual en este alegato erasmista en pro de la tolerancia, el ironismo (sic) y la verdadera caridad.

4. Los dos tratados quirománticos del Mantuano que figuran en el hallazgo de Barcarrota pretenden ser de procedencia aristotélica, pero no podemos olvidar la vinculación de estas prácticas y creencias con la cábala judía. Es bien conocida, por otra parte, la propensión de los criptojudíos a precipitarse por todos los vericuetos del esoterismo (tendencia común en las situaciones individuales o colectivas de anomia e indefinición cultural) que se explicaría por una intensa búsqueda de atajos que conduzcan a la verdad, al bien o a la virtud. El mundo de los conversos, lleno de contradicciones, de inseguridades, propenso al secretismo y a la soteriología, era atmósfera propicia en la que prendía y prosperaba por igual la heterodoxia filosófica y lo supersticioso y hechiceril. Algunos antropólogos vinculan el estado de frustración con las prácticas esotéricas, y desde luego este sentimiento debió de hacer presa en una minoría estigmatizada por su origen, que sin embargo se sabía capacitada culturalmente para ejercer muchos de los cargos de revelancia social que se les vedaba por motivos raciales injustificados. Notados de ignominia, inhábiles para los honores y oficios relevantes, llenos de zozobra, con cierta dificultad para discernir los límites entre lo profano y lo religioso, entre los extremos de la virtud y los inicios del pecado, algunos miembros de esta minoría étnico-religiosa sintieron también, con particular efusión, los vértigos del espíritu y de la carne que apuntan, aquí y allá en otros títulos, de esta singular y casi novelesca biblioteca.



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