1. La presencia dentro del conjunto de un folleto, el libro del Alborayque, dirigido contra los conversos, y que según el Padre Pita fue compuesto por un judaizante. 2. El misterioso círculo recortado en papel que fue hallado en uno de los libros y en él, además de una estrella de David, figura la palabra "tetragrámaton" (forma críptica de designar el nombre de Dios en hebreo) así como el nombre de Fernao Brandao, que no es otro que el de un poeta y humanista portugués de estirpe judaica. 3. La Lingua de Erasmo aparecida en el conjunto Barcarrota, fue un libro de gran difusión entre los perseguidos judeoconversos, que debieron sentirse identificados con la denuncia que en ella se hace de la maledicencia o "males de la lengua desenfrenda". El sincretismo erasmista y su espiritualidad esencial, su modo de entender la religión -nada formulario y ritual- debió de constituir el bálsamo que necesitaban aquellas criaturas afligidas, víctimas en muchas ocasiones de una íntima y sincera escisión de conciencia. También los falsos conversos (los criptojudíos) pudieron encontrar apoyo espiritual en este alegato erasmista en pro de la tolerancia, el ironismo (sic) y la verdadera caridad. 4. Los dos tratados quirománticos del Mantuano que figuran en el hallazgo de Barcarrota pretenden ser de procedencia aristotélica, pero no podemos olvidar la vinculación de estas prácticas y creencias con la cábala judía. Es bien conocida, por otra parte, la propensión de los criptojudíos a precipitarse por todos los vericuetos del esoterismo (tendencia común en las situaciones individuales o colectivas de anomia e indefinición cultural) que se explicaría por una intensa búsqueda de atajos que conduzcan a la verdad, al bien o a la virtud. El mundo de los conversos, lleno de contradicciones, de inseguridades, propenso al secretismo y a la soteriología, era atmósfera propicia en la que prendía y prosperaba por igual la heterodoxia filosófica y lo supersticioso y hechiceril. Algunos antropólogos vinculan el estado de frustración con las prácticas esotéricas, y desde luego este sentimiento debió de hacer presa en una minoría estigmatizada por su origen, que sin embargo se sabía capacitada culturalmente para ejercer muchos de los cargos de revelancia social que se les vedaba por motivos raciales injustificados. Notados de ignominia, inhábiles para los honores y oficios relevantes, llenos de zozobra, con cierta dificultad para discernir los límites entre lo profano y lo religioso, entre los extremos de la virtud y los inicios del pecado, algunos miembros de esta minoría étnico-religiosa sintieron también, con particular efusión, los vértigos del espíritu y de la carne que apuntan, aquí y allá en otros títulos, de esta singular y casi novelesca biblioteca. |
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