De bibliófilos

MERCEDES PULIDO


El café de aquella tarde fue tan agradable como el de otras. Mas Juan Luis se presentó con una carpeta que sin lugar a dudas contenía libros. Como esperaba que hablaríamos de ellos no me impacienté y me dediqué a la lectura de la carta que me entregaba. Siento una gran debilidad por el género epistolar y quien quiera que sea el que escriba siempre despierta mi curiosidad.

La carta que estaba leyendo, escrita hace ya casi medio siglo por quien dejó bien patente su amor por los libros, me produjo un sentimiento de emoción y de reencuentro y sentí cercana la presencia del que en tono firme y al mismo tiempo comprensivo instaba al amigo, asiduo en las tertulias mañaneras de la Imprenta Moderna, a devolverle unos libros.

Al margen de estas sensaciones, el contenido de la carta es lo suficientemente expresivo desde el punto de vista de las reacciones y comportamientos de las personas que tienen afición y amor a los libros, por lo que pensé que su publicación en nuestro Boletín podía ser oportuna.

Se me olvidaba. Juan Luis también me entregó la carpeta que contenía ¡cuatro libros de Anatole France!

12 de febrero de 1950

Sr. D. Juan Luis Cordero Gómez

Arroyo de la Luz

Querido amigo:

Con toda cordialidad, pero no exenta de energía, tengo que echarle una "repasata".

Recordará usted que hace algún tiempo, entre otros libros, envió usted a la Imprenta Moderna, "Patria", de Guerra Junqueiro, obra que tenía entre mis predilectas de mi pobre librería. En la Imprenta Moderna la vi y quedó identificada, incluso porque, todavía, tenía mi sello o mi firma. Estaba ya encuadernada y me limité a incluir dentro de ella un papelito rogándole me la devolviese, que yo pagaría su encuadernación y que le compensaría con otra obra.

Ahora me encuentro por lo menos cuatro libros míos, que ha enviado usted para encuadernar: los cuatro de Anatole France, del que tenía las obras completas y en préstamos se me han ido yendo bastantes. Son las de este autor de las pocas obras literarias que he querido guardar como oro en paño, pero que en mi deseo de comunicar a otros mi entusiasmo por tal autor, yo mismo las he indicado siempre a los amigos que han acudido a mí en busca de lecturas. Con esta manera de ser, me he ido quedando sin lo que yo más podía estimar y esto me desconsuela un poco.

Ahora, en usted está el darme la satisfacción apetecida que no puede ser otra que hacer que vuelvan al redil las ovejas descarriadas que quedan mencionadas... y las que no se mencionan, pero que habrá usted de guardar procedentes de la misma majada, con tanto o más cariño que yo, pero con menos derecho...

¡Buena "repasata", eh! Pero no dudo que usted mismo reconocerá humildemente que se la merece.

Un abrazo de su buen amigo.

(Fdo.: Tomás Pulido)


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