García Márquez o el compromiso

social del escritor

JUSTO VILA

Hubo un tiempo en que los escritores, además de estar comprometidos con su obra, lo estaban también con impulsos éticos y sociales. Hoy, muchos escriben como si la novela no tuviera que mancharse con la propia humanidad del autor para entrar en contacto con la humanidad del lector. Hay novelas que huyen de la búsqueda del hombre y hay escritores de torre de marfil que se niegan a entenderlo y a ponerlo en comunicación con otros hombres.

Cuando el día 9 de abril de 1948, a la una y cinco minutos de la tarde, un hombre modesto y sin trabajo, con marcados rasgos de esquizofrenia, disparó su revólver a bocajarro sobre el dirigente liberal Jorge Eliecer Gaitán, predestinado a la presidencia de Colombia, el joven García Márquez comprendió que los cuentos que hasta entonces había escrito y publicado tenían muy poco que ver con la realidad de su país. Aquel asesinato, jamás esclarecido, fue la mecha que prendió fuego a Bogotá y a todo el país, institucionalizando la violencia y cobrándose en los siguientes años entre doscientas y trescientas mil vidas.

Tal vez fue entonces cuando García Márquez abrió los ojos y comprendió que la literatura de la mayoría de los intelectuales y escritores de Bogotá estaba divorciada de la vida y que el escritor que quería ser sólo podía surgir del reencuentro con su cultura caribe.

García Márquez regresa a sus orígenes y es en Cartagena y en Barranquilla en donde logrará algunas de las claves que le permitan integrar literatura y realidad, al intuir que la fuerza creadora viene de la oscura imaginación del pueblo y que la obra literaria nace de la colaboración del talento del escritor con el entorno familiar y la tradición anónima.

Los elementos sociopolíticos que conforman el mundo de Macondo transcriben la realidad colombiana, especialmente la que se produce tras el Bogotazo de 1948, que conduce al país a un clima de violencia. La formulación narrativa de "Cien años de soledad" escapa a la novela histórica tradicional, pero sería un error de bulto entender la novela como un relato marginal a la conciencia histórica. La conciencia histórica del escritor no necesariamente debe manifestarse a través de la novela enmarcada en un tiempo histórico.

El coronel Aureliano Buendía promovió treinta y dos levantamientos armados. La lucha política en Macondo y su entorno se centra en la oposición (una clave histórica reconocible fácilmente) entre liberales y conservadores. Es conocido el ideario socialista y antiimperialista de García Márquez, sin embargo su compromiso con la realidad, en tanto que escritor, no podía ser un compromiso dogmático y excluyente y, así, Arcadio, gobernador de Macondo, utiliza el poder liberal con la misma violencia con la que lo habían usado los conservadores. El propio coronel Aureliano Buendía, tras escapar al pelotón de fusilamiento, a punto de emprender una nueva guerra, desconfía abiertamente de los políticos: "Estaremos perdiendo el tiempo mientras los cabrones del partido estén mendigando un asiento en el congreso".

Ciertamente una novela no puede cambiar el mundo, pero también es cierto que no se puede vivir sin ideas, ni tampoco sin ideología y que el escritor, además de estar comprometido con su obra, también lo debe estar con impulsos éticos y sociales. Hoy, esto se echa en falta.


 Volver a la página principal

Sumario - Página 1 - Página 2 - Página 3 - Página 4

Página 5 - Página 6 - Página 7 - Página 8 - Página 9


Para más información, sugerencias, consultas o críticas: Agustín Muñoz Sanz (oyacoi@unex.es).